Y con esto, todo ha sido escrito. Voces de Chernobil

¿Conoces (o puedes imaginar) la sensación de romperte un hueso por siete sitios, sufrir un dolor atroz, notar como va soldando pero volver a darte una punzada horrorosa cuando va a llover? Pues eso pasa con Voces de Chernóbil. No crees que puedas soportar su lectura. Pasas las páginas y ves cómo tu corazón va quedándose atrás, roto a pedazos. En el trayecto, además, pierdes la fe en el género humano. En las personas, no. Pero en la humanidad, desde luego. Terminas el libro. No puedes coger otro. Qué se puede leer después de eso. Y poco a poco vas volviendo a ti. Crees que te has curado. Dejas de pensar en el dolor y la muerte y la falta de sentido de todo. Pero de repente, por ejemplo, emiten cierta serie de televisión y se te revuelven las entrañas.
«Gustar» no es la palabra para Chernóbil. No «gusta» la serie por dibujarnos una sonrisa. La amamos porque es brillante, implacable, nos remueve, nos apunta con el dedo y nos acerca al abismo. El espectador ha visto lo mejor y lo peor del ser humano. Después de esto va a saber cómo un sistema que se hunde gestiona una catástrofe que podía haber acabado con media Europa. Si hace falta convertirse en una trituradora humana, adelante. Y a negar la mayor. Eso pasó allí, en ese momento, de esa manera. Puede volver a pasar. A cualquiera, que centrales nucleares no faltan. Cómo lo va a gestionar el siguiente… Esperamos poder ver la serie. Pero en el trayecto hemos conocido héroes. Gente capaz de sacrificarse «porque hay que hacerlo». Ya está. No hay que dar más explicaciones. Hay que hacerlo. Y no otro. Yo. Madre mía. Cómo amamos a las personas. Una a una. Cada historia, cada paso al frente. Una estatura en cada calle de Europa a los liquidadores, por favor.
La serie de la HBO tenía la autorización de Svetlana Alexievich para usar entre 6 y 8 historias de su Voces de Chernóbil. Incomprensiblemente, la autora, periodista y premio Nobel de Literatura en 2015, no aparece en los títulos de crédito. Que nos lo expliquen.
Alexievich entrevistó durante diez años a más de quinientos supervivientes del accidente nuclear y aquí están sus voces. Las de los bomberos, mineros, liquidadores, físicos, psicólogos, médicos, residentes de la zona, familiares de los fallecidos… Todos tenían su historia que contar. Nadie quería escucharla. Más bien todos querían silenciarla. Pero Alexievich vino al mundo para escuchar a la gente y dar voz a los que se la quitan. La periodista no trata de explicar el funcionamiento de una central nuclear. No. Este libro no va de ver por qué explotó. Va a contarnos el mundo después del accidente. Como la misma autora ha afirmado, libros sobre los desastres de la guerra hay muchos. La gente ya sabe qué va a leer cuando se acerca a un libro así. Pero nunca había ocurrido nada como Chernóbil. Se enfrentó a escribir algo por primera vez. Y no sabemos si habla más de la muerte o del amor.
Llevamos años recomendando Voces de Chernóbil porque pensamos que es un texto fundamental para entender el alma humana puesta al límite. Un libro que nos hace ver que no somos nada, que nos pueden usar, desechar, matar y olvidar. Y que también tenemos mucha más capacidad de aguante de la que creemos. Y que lo que nos hace humanos es la capacidad de amar. Más allá de toda lógica. Gracias a la serie, Voces de Chernóbil vuelve a estar de plena actualidad. Por favor, armaos de valor y leedlo. Se lo debemos a todos ellos.

Por Rita Sánchez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *