«Un Plan Sangriento»: Crimen y castigo en las Highlands.

«Escribo esto a instancias de mi abogado, el señor Andrew Sinclair, quien, desde que me encarcelaron aquí, en Inverness, me ha tratado con un grado de cortesía que no merezco en modo alguno. Mi vida ha sido breve y de escasa consecuencia, y no es mi deseo eximirme de la responsabilidad de los actos que recientemente he cometido. Así pues, no es por otra razón que la de corresponder la amabilidad de mi abogado que consigno estas palabras por escrito».

Así comienzan las memorias en las que Roderick Macrae, un campesino escocés de diecisiete años preso en el castillo de Inverness, confiesa su participación en tres brutales asesinatos cometidos en 1869 en la aldea de Culdui. Su descendiente Graeme Macrae «se topa por casualidad con dicho manuscrito» (cuántas páginas gloriosas ha dado esta fórmula a la literatura), se obsesiona y comienza a investigar, consiguiendo declaraciones policiales, informes de autopsia, observaciones de un cirujano que atiende al prisionero y, por supuesto, la descripción del juicio. Con todas las piezas construye un «true crime» adictivo en el que el lector tiene que completar la historia. Porque aquí, querido lector, no te puedes fiar de nadie. Y aseguramos que vais a pasar por momentos en los que os invadirá el horror más absoluto.

Pero lo mejor de esta novela no es que esté impresionantemente bien escrita, ni que el argumento, la estructura y los giros sean apasionantes y además sea cero tramposa, ni siquiera el hecho de que invite al lector a completarla. Es más, todo eso es lo de menos, es la excusa para llevarnos a lo más hondo de la durísima realidad de la vida en el campo escocés en el siglo XIX. La lucha de clases, la morfopiscología llevada a sus más tristes consecuencias, el desigual (por decir algo) reparto de la riqueza, la explotación del hombre hasta condiciones de (¿semi?) esclavitud, la brutal creencia de que la pobreza es un castigo divino, el analfabetismo que tan poca prisa se da el Estado por erradicar, la supremacía de la raza, la aporofobia, el embrutecimiento del ser humano que tiene que vivir en peores condiciones que las bestias de carga. Teorías y condiciones de vida aún no superadas pero que no hace tanto tiempo se aceptaban como verdad absoluta y voluntad de dios. Y eso sí que te hiela el alma y te asoma al abismo. El que estemos tan cerca. Una de las mejores novelas publicadas en 2019.

«Un corazón demasiado grande». La verdad no nos hará libres.

Aviso. «Un corazón demasiado grande» (Eider Rodríguez, literatura Random House) no es una colección de relatos, sino una bomba de relojería con el temporizador puesto que te explotará cuando menos lo esperes. Pero que te va a explotar, eso dalo por seguro. Eider Rodríguez, en veinte historias, nos retrata. Sí, a todos nosotros, a la clase media que trabaja todos los días, la de sueños de horizontes cercanos y de una idea de felicidad domesticada. Rodríguez demuestra tener una capacidad de observación y un oído excepcionales, que luego traslada a sus descripciones de personas, lugares, situaciones. Y a los diálogos. Fluidos, verdaderos. Aquí hay verdad. Incómoda. Quizá esa que no se dice, y que quizá si no se dice sea por algo. Estamos ante retratos que no son amables porque tampoco nosotros lo somos. Como tampoco somos heroicos o bellos. Somos «personas normales». Y aquí es donde otra vez nos deja mudos. Su idea de normalidad, que repetimos es posiblemente con la que nos movemos la mayoría, es, en sus manos y con ese bisturí que tiene por lápiz, descubierta por vez primera. ¿Quieres verte desde fuera? Léete esto. Aquí está el miedo a que nada cambie. Y el miedo al cambio. Y la necesidad de encajar, y el asco de encajar en los moldes «adecuados». Somos seres sociales, inevitablemente tenemos que intentar convivir con el otro, pero queremos seguir siendo libres, o autosuficientes, o que al menos la renuncia sea mínimamente satisfactoria. Todo es parodia. Los personajes de Rodríguez son seres rotos. Aquí hay miomas y muelas rotas, y olores corporales.

Y sin embargo. Otra vez el giro, la vuelta. Qué humanidad más grande, qué ternura, qué capacidad de andar con los zapatos del otro. Leed, por ejemplo «¿No notas nada raro?». Fijaos en qué título tan de andar por casa en pantuflas. Pues esperad a terminarlo. Esa madre, esa hija, esas compras de navidad, esa cena en familia, esas manos que no se reconocen.
Hay abrazos tiernos, y son necesarios. Pero también lo son los abrazos fuertes, duros. Este libro es uno de ellos.

«Lena y Karl»: Del amor y de viajes en el tiempo

¿Te gusta la música? Esta es tu novela ¿Especialmente la de los «80 y «90? No te la pierdas. ¿Te interesan los viajes en el tiempo? Vas a alucinar ¿Eres un romántico de los que sabe en lo más profundo de su corazón que hay personas destinadas a encontrarse, no importa qué depare el destino? Aquí te vas a quedar. ¿Alta fidelidad y Olvídate de mí son referencias en tu vida? No te decimos más. Lena y Karl, la primera novela de Mo Daviau (Blackie Books) es un soplo de aire fresco. Original, divertida, tierna. Protagonizada por una antigua semi estrella de rock y una astrofísica que llevan encima mucho equipaje en forma de traumas, dolor, fracasos e inseguridades. Nuestro protagonista, ahora dueño de un bar, va a encontrase un día en el baño de casa un agujero por el que viajar en el tiempo. Y claro. Quién no querría ver ese concierto que se perdió en su día o bien que no pudo ver porque aún no estaba en el mundo. Y cómo no pensar en ganar dinero con ello… Pero seamos sinceros. Teniendo la oportunidad, que levante la mano quien no viajara al pasado para volver a ver a su madre. O a ese antiguo amor que todavía te atormenta. O a ese momento terrible que te marcó, que fue una casualidad del destino, que te ha reventado la vida y que podrías haber evitado. ¿Quién eres tú si tu pasado cambia? ¿Serías feliz ahora? ¿Seguro? ¿Y si tu yo del futuro se dirige a ti y nada de lo que te dice parece tener sentido? Nuestra protagonista, Lena, aparecerá en escena con sus estudios de astrofísica, sus camisetas de grupos de rock, su tatuaje tan especial y todos sus traumas justo cuando Karl envíe a su mejor amigo al año 980, cuando en realidad quería enviarlo al 1980…y no pueda hacerle regresar. Esta novela se plantea todos esos «y si…»que se nos aparecen a todos algunas noches y no nos dejan dormir. Y lo hace de una forma tan humana, tan graciosa, tan sentida, sin darle importancia a las paradojas espacio temporales que tan nervisositos nos ponen a veces, sin pizca de cinismo ni misantropía (dos cositas que abundan mucho últimamente y que no creemos que aporten) que se nos antoja una historia deliciosa donde quedarse a pasar un ratito inolvidable.  El único «pero» que le ponemos es que desperdicia un poco el potencial que tienen dos de sus personajes secundarios, oro puro, con diálogos y situaciones descacharrantes y de los que nos habría gustado saber más… Pero quién sabe qué puede pasar. De lo que estamos seguros es de que Mo Daviau ha venido para quedarse.