Lo que más nos gusta (sin dudarlo) son estos monstruos

Hay historias que no se pueden clasificar fácilmente, por lo que suelen ser rechazadas por las editoriales al no saber en qué estante van a sugerirles a los libreros que las coloquen. A esta le dijeron «no» 48 hasta que Fantagraphics Books vio lo que tenía en sus manos. Y a partir de ahí, lluvia de premios (tres Eisner, un Ignatz Award, nominación a los Hugo…), crítica rendida, lectores devotos por todo el mundo. Hablamos de «Lo que más me gusta son los munstruos» (publicado en España por Reservoir Books), cómic escrito y dibujado por Emil Ferris, señora que hace rato pasó los 50, que a los 40 se vio infectada por el virus del Nilo y quedó paralizada de cintura para abajo, perdiendo también el uso de su mano derecha. Tuvo que aprender a dibujar otra vez. Y vaya si lo consiguió. ¿Es necesario conocer la biografía de su autora para disfrutar de esa obra? En absoluto. Pero algo tienen estos monstruos que hace que quieras saber más de su creadora. Te preguntas qué hay ahí detrás, porque esta historia es tan visceral, tan a corazón abierto, tan honesta, por qué tanta pasión, tanta fiebre, por qué está escrita a sangre.
¿Y de qué va, por qué es «inclasificable»? Vamos a intentar explicarlo. Nos cuenta la historia de Karen Reyes, una niña de 10 años que «se sabe» niña-lobo (y cuidado con el momento en que quiera ser niña-vampiro, ojo ahí, solo decimos eso, que el corazón se rompe en 20 trozos y no hay forma de pegarlos), que vive (con su madre y su hermano) en un barrio pobre de su Chicago natal a finales de los años 60, que adora la literatura pulp, dibujar y los monstruos, que se convertirá en detective para investigar la muerte de su hermosa e inasible vecina que vivió en la Alemania nazi… Y nuestra niña se va a enamorar por primera vez. Y quizá no va a ser fácil asumirlo. Y en su familia hay secretos… Aderezamos estos ingredientes con el amor al arte en cualquiera de sus formas (porque encierran historias) y a los mitos (porque nos explican el mundo) y con ellos intentaremos sobrevivir. Si en el fondo esta historia va de aprender a sobrevivir… Y un poquito más. Todo esto en unas 400 páginas, calculamos, porque NO están numeradas. Con un dibujo que pasa, de una viñeta a otra, del boceto apenas marcado a la perfección absoluta en el detalle utilizando un boli de cuatro colores sobre papel rayado. Ahí queda eso.
Lo mejor es que este es solo el primer volumen.

Por Rita Sánchez