El espacio se hace tiempo: El museo de la Inocencia, Orhan Pamuk

«Sabemos que cuando señalemos el momento más feliz hará mucho que este habrá quedado en el pasado, que no volverá nunca más y que, precisamente por eso, nos producirá dolor. Y lo único que puede hacernos soportable dicho dolor es poseer algún objeto perteneciente a ese instante dorado. Los objetos que nos quedan de los momentos felices guardan con mucha más fidelidad que las personas que nos hicieron vivir esa dicha de placer en su recuerdo, sus colores, sus impresiones táctiles y visuales.»

Creemos que lo mejor para sumergirse en el delirio que es este Museo de la Inocencia es llegar a él con los menos datos posibles. Invitamos al lector a dejarse sorprender y emocionar. Incluso a indignarse y enfurecerse. ¿Cuántas historias consiguen algo así?

Este libro se ama o se odia. Pone a prueba a lector y le va a hacer tener que tomar partido. El Museo de la Inocencia, que existe realmente en Estambul, cuenta la creación y razón de ser de este espacio. Cosas importantes que tener en cuenta:

  1. La mayoría de los objetos que contiene son sustraídos
  2. Se sustrajeron en nombre del amor
  3. Lo llaman amor cuando igual es locura

Kemal ama a Füsun. Kemal es un joven turco adinerado. Füsun es una pariente lejana suya, no adinerada y mucho más joven que él. Repetimos. Kemal adora a Füsum. De la que conocemos cada matiz de sus ojos, brazos, piernas, pies, boca, dientes, lengua, pechos, pezones, vientre, cabellos… Y de la que casi sólo sabremos que se presentó a un concurso de belleza, que dibuja pájaros en libertad, que querrá ser actriz y sacarse (sin sobornos) el carnet de conducir. No hay que ser muy observador para entender que ella lo que realmente quiere es ser libre. Y estamos a finales de los 70 y principios de los 80 en Estambul. Y Füsun estará sometida a su familia, a su marido y a su adorador.

El Museo de la Inocencia se desarrolla en tres partes y un epílogo. La historia la cuenta Kemal y el lector deberá decidir cuánto se cree de lo que él le cuenta. Y cuánto compadece (o no) a este hombre obsesionado por una mujer. Él será capaz de hacer varias cosas por amor. No todas, y quizá no las más importantes. La grandeza de este libro está en la asombrosa capacidad de Pamuk (que por algo es premio Nobel) de enredarnos en este monólogo alucinado. Porque la quietud es clave en esta novela. La interpretación de gestos y silencios, el construir tu vida en torno al asedio de la amada. Y a beber Raki como si no hubiera un mañana. Conoceremos a las familias de los dos protagonistas, asistiremos a los momentos más importantes de sus vidas y acabaremos conociéndoles como si formaran parte de la nuestra.

Y como «un museo es un donde el espacio se convierte en tiempo», para soportar el no poseer al objeto de su locura, Kemal empezará a robar cuanto objeto haya tocado Füsun o cualquier cosa que de la manera más tangencial le recuerde a ella. Con todo esto alcanza cierto consuelo y con ellos acabará abriendo el museo de su vida. La historia de estos objetos es también una historia de esa Turquía de finales del siglo pasado que empieza a ser libre, pero. Y todo lo que hay delante de un «pero» ya sabemos que es mentira.

Y con esto, todo ha sido escrito. Voces de Chernobil

¿Conoces (o puedes imaginar) la sensación de romperte un hueso por siete sitios, sufrir un dolor atroz, notar como va soldando pero volver a darte una punzada horrorosa cuando va a llover? Pues eso pasa con Voces de Chernóbil. No crees que puedas soportar su lectura. Pasas las páginas y ves cómo tu corazón va quedándose atrás, roto a pedazos. En el trayecto, además, pierdes la fe en el género humano. En las personas, no. Pero en la humanidad, desde luego. Terminas el libro. No puedes coger otro. Qué se puede leer después de eso. Y poco a poco vas volviendo a ti. Crees que te has curado. Dejas de pensar en el dolor y la muerte y la falta de sentido de todo. Pero de repente, por ejemplo, emiten cierta serie de televisión y se te revuelven las entrañas.
«Gustar» no es la palabra para Chernóbil. No «gusta» la serie por dibujarnos una sonrisa. La amamos porque es brillante, implacable, nos remueve, nos apunta con el dedo y nos acerca al abismo. El espectador ha visto lo mejor y lo peor del ser humano. Después de esto va a saber cómo un sistema que se hunde gestiona una catástrofe que podía haber acabado con media Europa. Si hace falta convertirse en una trituradora humana, adelante. Y a negar la mayor. Eso pasó allí, en ese momento, de esa manera. Puede volver a pasar. A cualquiera, que centrales nucleares no faltan. Cómo lo va a gestionar el siguiente… Esperamos poder ver la serie. Pero en el trayecto hemos conocido héroes. Gente capaz de sacrificarse «porque hay que hacerlo». Ya está. No hay que dar más explicaciones. Hay que hacerlo. Y no otro. Yo. Madre mía. Cómo amamos a las personas. Una a una. Cada historia, cada paso al frente. Una estatura en cada calle de Europa a los liquidadores, por favor.
La serie de la HBO tenía la autorización de Svetlana Alexievich para usar entre 6 y 8 historias de su Voces de Chernóbil. Incomprensiblemente, la autora, periodista y premio Nobel de Literatura en 2015, no aparece en los títulos de crédito. Que nos lo expliquen.
Alexievich entrevistó durante diez años a más de quinientos supervivientes del accidente nuclear y aquí están sus voces. Las de los bomberos, mineros, liquidadores, físicos, psicólogos, médicos, residentes de la zona, familiares de los fallecidos… Todos tenían su historia que contar. Nadie quería escucharla. Más bien todos querían silenciarla. Pero Alexievich vino al mundo para escuchar a la gente y dar voz a los que se la quitan. La periodista no trata de explicar el funcionamiento de una central nuclear. No. Este libro no va de ver por qué explotó. Va a contarnos el mundo después del accidente. Como la misma autora ha afirmado, libros sobre los desastres de la guerra hay muchos. La gente ya sabe qué va a leer cuando se acerca a un libro así. Pero nunca había ocurrido nada como Chernóbil. Se enfrentó a escribir algo por primera vez. Y no sabemos si habla más de la muerte o del amor.
Llevamos años recomendando Voces de Chernóbil porque pensamos que es un texto fundamental para entender el alma humana puesta al límite. Un libro que nos hace ver que no somos nada, que nos pueden usar, desechar, matar y olvidar. Y que también tenemos mucha más capacidad de aguante de la que creemos. Y que lo que nos hace humanos es la capacidad de amar. Más allá de toda lógica. Gracias a la serie, Voces de Chernóbil vuelve a estar de plena actualidad. Por favor, armaos de valor y leedlo. Se lo debemos a todos ellos.

Por Rita Sánchez