La Oscuridad y La Orden: «Nuestra parte de noche»

Conocimos a Mariana Enríquez por sus cuentos, recogidos en obras como Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego. Nos pareció una de las voces más potentes que habíamos leído en mucho tiempo, así que fuimos de cabeza a por La hermana menor (su nouvelle dedicada a la figura de Silvina Ocampo) y la pequeñita, extraña (y quizá menor, pero solo porque ella es muy grande) Este es el mar. Lo enorme que es esta escritora lo demuestra el hecho de que Nuestra parte de noche (su primera novela en el más amplio sentido de la palabra) se alzara con el premio Herralde 2019. Y nosotros, en cuanto lo supimos, sin haber leído siquiera la sinopsis, empezamos a festejar.  Cómo no hacerlo ante alguien que ha creado un nuevo universo gótico, para la que los mecanismos del terror, la suspensión de la credibilidad, la creación de atmósferas, el don de la nominación (para qué decir «fantasma» cuando existe la opción «descarnado») no tienen secretos para ella. Alguien que te escribe un cuento de hadas (oscuro como siempre fueron) para encerrar la realidad brutal. Aquí, el horror de la dictadura argentina muta al terreno del mito y logra el objetivo último: fijar esta ficción en la parte más profunda del cerebro, donde queda para siempre, transmitiéndose de generación en generación. Ante alguien así no se necesitan sinopsis. En Nuestra parte de noche tenemos a un padre con poderes sobrenaturales y a su hijo, llamado a ser su sucesor como médium de una sociedad secreta, La Orden, que contacta con La Oscuridad a través de atroces rituales para buscar la vida eterna. A partir de aquí, todo. Y cuando pienses, lector, que lo peor ya ha pasado y que no va a haber nada que puedas leer que te aterrorice más, no es así. Acaba de empezar.