«Lena y Karl»: Del amor y de viajes en el tiempo

¿Te gusta la música? Esta es tu novela ¿Especialmente la de los «80 y «90? No te la pierdas. ¿Te interesan los viajes en el tiempo? Vas a alucinar ¿Eres un romántico de los que sabe en lo más profundo de su corazón que hay personas destinadas a encontrarse, no importa qué depare el destino? Aquí te vas a quedar. ¿Alta fidelidad y Olvídate de mí son referencias en tu vida? No te decimos más. Lena y Karl, la primera novela de Mo Daviau (Blackie Books) es un soplo de aire fresco. Original, divertida, tierna. Protagonizada por una antigua semi estrella de rock y una astrofísica que llevan encima mucho equipaje en forma de traumas, dolor, fracasos e inseguridades. Nuestro protagonista, ahora dueño de un bar, va a encontrase un día en el baño de casa un agujero por el que viajar en el tiempo. Y claro. Quién no querría ver ese concierto que se perdió en su día o bien que no pudo ver porque aún no estaba en el mundo. Y cómo no pensar en ganar dinero con ello… Pero seamos sinceros. Teniendo la oportunidad, que levante la mano quien no viajara al pasado para volver a ver a su madre. O a ese antiguo amor que todavía te atormenta. O a ese momento terrible que te marcó, que fue una casualidad del destino, que te ha reventado la vida y que podrías haber evitado. ¿Quién eres tú si tu pasado cambia? ¿Serías feliz ahora? ¿Seguro? ¿Y si tu yo del futuro se dirige a ti y nada de lo que te dice parece tener sentido? Nuestra protagonista, Lena, aparecerá en escena con sus estudios de astrofísica, sus camisetas de grupos de rock, su tatuaje tan especial y todos sus traumas justo cuando Karl envíe a su mejor amigo al año 980, cuando en realidad quería enviarlo al 1980…y no pueda hacerle regresar. Esta novela se plantea todos esos «y si…»que se nos aparecen a todos algunas noches y no nos dejan dormir. Y lo hace de una forma tan humana, tan graciosa, tan sentida, sin darle importancia a las paradojas espacio temporales que tan nervisositos nos ponen a veces, sin pizca de cinismo ni misantropía (dos cositas que abundan mucho últimamente y que no creemos que aporten) que se nos antoja una historia deliciosa donde quedarse a pasar un ratito inolvidable.  El único «pero» que le ponemos es que desperdicia un poco el potencial que tienen dos de sus personajes secundarios, oro puro, con diálogos y situaciones descacharrantes y de los que nos habría gustado saber más… Pero quién sabe qué puede pasar. De lo que estamos seguros es de que Mo Daviau ha venido para quedarse.