un corazon demasiado grande

«Un corazón demasiado grande». La verdad no nos hará libres.

Aviso. «Un corazón demasiado grande» (Eider Rodríguez, literatura Random House) no es una colección de relatos, sino una bomba de relojería con el temporizador puesto que te explotará cuando menos lo esperes. Pero que te va a explotar, eso dalo por seguro. Eider Rodríguez, en veinte historias, nos retrata. Sí, a todos nosotros, a la clase media que trabaja todos los días, la de sueños de horizontes cercanos y de una idea de felicidad domesticada. Rodríguez demuestra tener una capacidad de observación y un oído excepcionales, que luego traslada a sus descripciones de personas, lugares, situaciones. Y a los diálogos. Fluidos, verdaderos. Aquí hay verdad. Incómoda. Quizá esa que no se dice, y que quizá si no se dice sea por algo. Estamos ante retratos que no son amables porque tampoco nosotros lo somos. Como tampoco somos heroicos o bellos. Somos «personas normales». Y aquí es donde otra vez nos deja mudos. Su idea de normalidad, que repetimos es posiblemente con la que nos movemos la mayoría, es, en sus manos y con ese bisturí que tiene por lápiz, descubierta por vez primera. ¿Quieres verte desde fuera? Léete esto. Aquí está el miedo a que nada cambie. Y el miedo al cambio. Y la necesidad de encajar, y el asco de encajar en los moldes «adecuados». Somos seres sociales, inevitablemente tenemos que intentar convivir con el otro, pero queremos seguir siendo libres, o autosuficientes, o que al menos la renuncia sea mínimamente satisfactoria. Todo es parodia. Los personajes de Rodríguez son seres rotos. Aquí hay miomas y muelas rotas, y olores corporales.

Y sin embargo. Otra vez el giro, la vuelta. Qué humanidad más grande, qué ternura, qué capacidad de andar con los zapatos del otro. Leed, por ejemplo «¿No notas nada raro?». Fijaos en qué título tan de andar por casa en pantuflas. Pues esperad a terminarlo. Esa madre, esa hija, esas compras de navidad, esa cena en familia, esas manos que no se reconocen.
Hay abrazos tiernos, y son necesarios. Pero también lo son los abrazos fuertes, duros. Este libro es uno de ellos.